Esta es de las entradas más personales de este blog. No habla de marketing ni de tecnología, aunque al final tiene que ver con ambas: con cómo conversamos.
La versión corta: «tolerar» significa soportar algo que nos disgusta. Es una virtud a medias: nos deja a un paso del conflicto. Prefiero el respeto, que no pide que te guste la idea del otro, sino que lo reconozcas como igual.
La palabra que repetimos sin pensar
¿Cuántas veces nos han hablado de tolerancia? Muchísimas. Le damos tanta importancia que pasamos buena parte de la vida intentando desarrollar esa habilidad: ser tolerantes.
Pero, ¿por qué deberíamos aspirar a eso? Tolerar significa soportar aquello que nos disgusta. Cuando digo que tolero algo, en realidad estoy diciendo: «no me gusta, me parece incorrecto, pero lo aguanto».
El problema de aguantar
Creo que la tolerancia está sobrevalorada. Nos obliga a tragarnos las ideas y posturas con las que no congeniamos, y deja intacta la sensación de que nosotros tenemos la razón y el otro no. Eso nos deja un paso más cerca del conflicto, no más lejos.
Un ejemplo histórico que me parece revelador es esta declaración de Francisco Zarco, uno de los liberales del siglo XIX:
«Yo miro junto al Vaticano levantarse la sinagoga y el templo protestante, y si el vicario de Cristo permite en sus estados otros cultos, será sin duda porque en esto no encuentra un ataque a la religión verdadera.»
Es una defensa de la tolerancia, sí. Pero fíjate en el fondo: los otros cultos se permiten porque no amenazan a «la religión verdadera». Se toleran, no se respetan.
La alternativa
¿Por qué no simplemente respetar? El respeto no te pide que te guste la idea del otro ni que la compartas. Te pide reconocer que esa persona tiene el mismo derecho que tú a pensar distinto, y discutir con ella como igual.
¿Cuántas guerras se habrían evitado si, en lugar de tolerarnos, nos hubiéramos respetado?
Por qué la rescato hoy
Cuando escribí esto, las redes sociales todavía parecían un lugar para conversar. Hoy, buena parte de la conversación pública funciona a base de tolerancias tensas que explotan en cualquier momento: te aguanto hasta que te equivocas, y entonces te cancelo.
En el trabajo pasa algo parecido. Los equipos que «se toleran» funcionan hasta la primera crisis. Los que se respetan discuten fuerte, deciden y siguen adelante.
No tengo una conclusión elegante. Solo una invitación: la próxima vez que digas «lo tolero», pregúntate si podrías respetarlo.
Otra opinión que sostengo desde hace años: entre aportar al Teletón y el odio a Televisa.
Esta entrada nació en la primera versión de este blog. La reescribí y actualicé en octubre de 2026: lo que ya no aplicaba, lo digo; lo que cambió, lo corregí.
Fernando Martínez es director de tecnología (CTO), programador desde 2008 y alguien que todavía cree que el marketing se mide en ventas, no en aplausos. Más sobre mí · Escríbeme



