En 2016 escribí que la realidad virtual estaba viviendo un boom y que podía convertirse en una herramienta de marketing con gran penetración. Recomendaba incluso unos lentes de cartón para conectar el celular.
Diez años después toca hacer cuentas: la realidad virtual no se volvió masiva como pensábamos, Google dejó de vender Cardboard en 2021 y la conversación de moda se movió a la IA. Pero las tres ideas de la entrada original sí encontraron su lugar. Solo que no siempre con lentes puestos.
La versión corta: la realidad virtual inmersiva sigue siendo de nicho. Lo que ganó fue su prima menos glamorosa: recorridos 360, realidad aumentada en el celular y configuradores 3D en la web, que no le piden al cliente comprar ningún aparato.
1. Inmobiliario y espacios: el uso que sí ganó
La idea original era que, en el tiempo que te toma llegar a una casa, podías recorrer cinco en realidad virtual. Eso sí pasó, aunque en otra forma: los recorridos virtuales en 360 grados en la web y en el celular se volvieron estándar en desarrollos inmobiliarios, hoteles y espacios de eventos.
Lo que funciona hoy: recorridos que se abren en el navegador, sin descargar nada, enlazados desde el anuncio y desde WhatsApp. Si el cliente necesita lentes especiales para ver tu propiedad, perdiste a la mayoría.
2. Producto: de comerciales inmersivos a «pruébalo en tu casa»
Proponía comerciales envolventes en realidad virtual. Lo que de verdad se volvió útil fue la realidad aumentada: ver cómo se ve un sillón en tu sala, probarte unos lentes con la cámara del celular o configurar un auto en 3D cambiando color y rines.
En la industria automotriz, los configuradores 3D ya son parte del proceso de compra: el cliente llega a la agencia sabiendo exactamente qué versión y qué color quiere. Eso acorta la venta.
3. Eventos y lanzamientos: el uso que sigue siendo nicho
Las transmisiones en realidad virtual de lanzamientos no despegaron como esperaba. Los visores de gama alta existen y son impresionantes, pero siguen en manos de pocos. Para la mayoría de las marcas, un buen video en vivo, bien producido y fácil de ver en el celular, sigue ganando por mucho.
Donde sí tiene sentido: ferias, salas de exhibición y activaciones presenciales, donde la marca pone el visor y la experiencia se vuelve memorable.
Cómo decidir si vale la pena
Tres preguntas antes de invertir en cualquier experiencia inmersiva:
- ¿Le ahorra algo al cliente? Tiempo, un viaje, una duda. Si solo es espectáculo, se olvida pronto.
- ¿Funciona en el celular que ya tiene? Si requiere un aparato extra, tu alcance se desploma.
- ¿Lleva a un siguiente paso? Agendar una visita, cotizar, comprar. Una experiencia increíble sin llamado a la acción es arte, no marketing.
¿Te interesa cómo la tecnología cambia la experiencia de compra? Mira cómo el crédito en línea está cambiando la venta de autos.
Esta entrada nació en la primera versión de este blog. La reescribí y actualicé en octubre de 2026: lo que ya no aplicaba, lo digo; lo que cambió, lo corregí.
Fernando Martínez es director de tecnología (CTO), programador desde 2008 y alguien que todavía cree que el marketing se mide en ventas, no en aplausos. Más sobre mí · Escríbeme



